Nuestra posición ante los hechos del 1 de octubre

Colgante paz, imagen de creative commons CC0

La Hermandad de la Diosa, como cualquier otra confesión religiosa, está compuesta por personas de diversos orígenes, que hablan distintas lenguas y que tienen distintos posicionamientos políticos.
Especialmente en un camino espiritual donde la defensa de la biodiversidad es un punto central, abrazamos todas las posibles opiniones sobre cómo debería configurarse políticamente este territorio por debajo de los Pirineos y besado por el Atlántico, el Cantábrico y el Mediterráneo. Así pues, entre nuestras gentes hay quienes desean la independencia de Cataluña y quienes esperan que acabemos uniendo nuestros destinos con la hermana Portugal. Tal disparidad de expectativas jamás nos ha supuesto un conflicto.
Por eso mismo, lo que no podemos entender y condenamos con toda la fuerza de nuestras voces unidas es el recurso a la violencia. Lo denunciamos desde la razón y desde la legalidad internacional vigente, desde la Declaración Internacional de los Derechos Humanos. Pero, muy especialmente, lo denunciamos como una afrenta a nuestros principios religiosos. Somos gente de paz, hemos elegido el camino del diálogo, de la inclusión y de la defensa de los elementos más débiles como camino de vida.
Nos negamos vehementemente a que el gobierno que nos representa reprima por la vía de la fuerza una expresión de resistencia pacífica. Nos negamos vehementemente a que se gasten los fondos del Estado que sufragamos con nuestros impuestos en dañar la vida de quienes consideramos nuestras hermanas y hermanos y que debieran emplearse más eficazmente en la sanidad, la conservación del entorno y la educación de las siguientes generaciones.
Elegimos no callarnos porque el silencio nos haría cómplices de las agresiones. Elegimos posicionarnos a favor de la paz y la gestión no violenta de los conflictos porque forman parte de la visión no patriarcal del mundo que queremos para nuestras hijas e hijos. Elegimos decir “basta” en las calles y en los medios, de todas las maneras que nos resulten posibles, porque nuestro compromiso espiritual está profundamente enraizado en la realidad y busca un cambio de paradigma que es totalmente opuesto a lo que vemos estos días con ojos horrorizados.
Exigimos públicamente que cesen las actuaciones represivas de los cuerpos de seguridad del estado y que las partes enfrentadas se sienten a dialogar con mediadores imparciales (y preferentemente internacionales) para encontrar una solución pacífica, creativa y satisfactoria para el mayor número de personas posibles.
Y esperamos que el resto de confesiones religiosas del Estado y de toda Europa se unan a la nuestra en este momento de dolor e incertidumbre.

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