¿Por qué la Hermandad de la Diosa? Una visión personal

Este no pretende ser un artículo periodístico que sólo exprese hechos, incluye también sentimientos y recuerdos. Avisad@s  estáis.

Cuando en 2002 me compré mis primeros libros sobre Wicca, era harto complicado encontrar formación en España sobre espiritualidad pagana. En aquel momento la mayor parte de información sobre el paganismo que se encontraba en la península, estaba vinculada al mundillo esotérico que estaba más interesado por la parte comercial que por la parte religiosa o espiritual. Si querías algo serio, había que salir al extranjero y dominar el inglés.

Por suerte, durante estos años han cambiado mucho las cosas. Gente maravillosa que ha empleado su tiempo, energía y dinero formándose en Inglaterra y América (donde hay fuertes grupos del Movimiento de la Diosa y de la Wicca Reclaiming, y donde ambas tradiciones son reconocidas legalmente como religión) empezaron a ofrecer formación en España.

En 2010, en una formación coincidí por primera vez con Núria, la que ahora es la presidenta de la Hermadad de la Diosa. Un año después estábamos funcionando – evidentemente  en grupo con más personas- como coven y, lo que era muy importante para nosotras, ofreciendo los rituales de forma pública, para que cualquier persona que viniera con respeto y mente abierta pudiera asistir. Para que nadie tuviera que celebrar en solitario si quería celebrar en comunidad, como a nosotras nos había pasado.

Siempre había pensado que somos más cantidad de paganos de los que daría la sensación, pero que no tenemos visibilidad. Y las personas que eran más públicas (al menos hasta esas fechas) eran las personas del mundo esotérico que, como decía antes, toman cosas del paganismo y las usan para sus fines comerciales y publicitarios. Y parece que ni les importa ni les interesa la religión, ni la espiritualidad que subyace.

La primera idea de la entidad religiosa ya se gestaba en el 2012, pero parecía un proyecto que se escapaba de nuestras posibilidades: tratar con el estado para que se nos reconociera legalmente parecía algo completamente imposible. No sabíamos que había otras personas, de otras tradiciones paganas, que ya habían empezado a dar pasos e incluso que lo habían conseguido. Así que nos conformamos con seguir con nuestra labor de formarnos, compartir conocimientos y experiencias, celebrar en privado y en comunidad… pero la semilla estaba plantada y la Madre Tierra nutre.

Algunas de las personas que hemos materializado este proyecto, durante este tiempo hemos formado parte de asociaciones o fundaciones generalistas paganas, pero la inquietud que se reconociera legalmente el culto a la Diosa como una religión, tan seria y válida como cualquier otra, no era compartido (o no era una prioridad para ellas) (cosa totalmente legítima y de la que no tengo queja alguna) .

Con el paso de los años hemos conocidos muchas personas y muchos grupos paganos y hemos visto que era posible ser reconocidos legalmente como religión, que no era una hazaña inalcanzable (aprovecho para darles las gracias por abrir camino). Pero suponía esfuerzo: representaba horas de dedicación, significaba energía invertida en ello y comportaba, dado nuestro mundo actual, dinero para los trámites.

Ahora no soy capaz de recordar qué día dijimos que era momento de dejar de hablar del proyecto y ponernos realmente manos a la obra. Sería genial recordar una escena mística con una gran revelación y mucho incienso y velas. Pero no fue así.

Fue más del estilo: “no podemos esperar que los demás hagan las cosas que a nosotros nos gustaría que hubiera en el mundo, no podemos quejarnos porque no están hechas. Cierto que tenemos mucha faena ya con lo que tenemos entre manos, pero queremos que se nos reconozca legalmente como religión… ¡pues hagámoslo!”.

Era un proyecto de gran envergadura y queríamos contar con diferentes voces, diferentes perspectivas dentro de nuestra línea general. Así que contactamos con personas con las que ya habíamos colaborado, con las que nos habíamos formado, con las que habíamos celebrado y compartido. Y empezamos el trabajo duro.

Los que fuimos finalmente miembros fundadores empleamos largas horas y mucha energía en redactar unos estatutos que representaran nuestras creencias. Es mucho más difícil de lo que podría parecer, el poner aquello en lo que crees en palabras y sobre papel, sin recurrir a palabras poéticas. Luego la puesta en común con los demás: horas con retoques, matizaciones… para que todos nos sintiéramos representados y pudieran sentirse muchas más personas representadas (no sólo quedarnos dentro de nuestras cabecitas y corazones) (y ¿por qué no decirlo? Para que fuera entendible a los ojos de quienes iban a leerlo en el Ministerio de Justicia). Reuniones con Afers Religiosos de Catalunya para que nos informaran de los trámites y nos asesoraran en nuestros pasos a la hora de tratar con el Ministerio de Justicia. Visitas al notario. Y otros muchos pequeños detalles.

Seguro que hay muchas personas que están trabajando por y para la Diosa en España y con las que no contactamos para iniciar el proyecto. Personas válidas, formadas, serias en lo suyo. Pero, si siendo 12 personas de diferentes puntos de España ya fue difícil coordinarnos y consensuar, imaginad si hubiéramos pretendido hacerlo entre 30.

“La Hermandad de la Diosa” es un punto de encuentro para practicantes de una religión. El culto a la Diosa, la primera deidad femenina que cuyo concepto puede remontarse a los cultos de la fecundidad prehistóricos, es nuestro objetivo prioritario. Aunque por supuesto, la Divinidad masculina y los espíritus de la Naturaleza también forman parte integral de nuestras prácticas, pues todos provienen y forman parte de la Gran Madre. Es decir la entidad religiosa funciona porque vosotras, las personas que formáis (y las que formaréis) parte de ella, celebráis, compartís conocimientos, aprendéis y enseñáis, investigáis y reivindicáis su culto. Lo importante de la Hermandad de la Diosa es que hace que nuestra religión sea reconocida legalmente. Ser miembro ayuda a visibilizar una realidad (que estamos aquí) y puede ayudarte a encontrar otras personas con las mismas inquietudes y a celebrar en comunidad… pero no te otorga poderes ni te hace ser automáticamente Sacerdotisa.

Así pues, pertenecer a ella no es un título para incluir en el Curriculum Vitae, para vender más cursos, terapias o lecturas de tarot. Pertenecer a la Hermandad simplemente es reconocer públicamente en lo que crees, a quien honras, a quien rindes culto. Ser considerado Miembro fundador o Miembro de honor simplemente es reconocer el esfuerzo que esa persona ha hecho para que este proyecto se haya hecho realidad.

Yo soy Miembro fundador, sí, pero eso quiere decir que empleé mi tiempo, mi energía y mi dinero para dar luz el proyecto. Mi cargo es de Secretaria, sí, pero eso quiere decir que empleo mi tiempo y mi energía en gestionar temas de altas/bajas, documentación, contacto con otras entidades, etc.  Pero respecto al resto, a lo que realmente importa, ahora mismo soy Creyente, como tú que te acabas de inscribir. Ya se verá con el devenir de los meses si quiero y puedo ser Iniciada de la Hermandad y si quiero y puedo ser Sacerdotisa de la Hermandad, son pasos que suponen esfuerzo, derechos y deberes y se ha de ver si quiero y puedo hacer el esfuerzo y responder a esos derechos y deberes. Ahora mismo, soy Creyente.

¿Por qué la Hermandad de la Diosa? Porque Ella ha salido de las sombras y no quiero que se vuelva a esconder, porque creer en Ella es tan válido como creer en cualquier otra versión de la Divinidad y quiero que se reconozca legalmente. Porque somos bastantes más de los que podría parecer.

Porque ella cambia todo lo que toca, y todo lo que toca cambia.

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